La lengua, una evolución constante

2 junio, 2015 - 3 minutes read

Si escribir bien parece una tarea cada día más difícil —no hay más que ver las noticias de los periódicos—, aún lo es más cuando las reglas cambian con demasiada frecuencia y no se está al día. Incluso a quienes trabajamos con los idiomas nos cuesta adaptarnos a algunos de estos cambios.

Nadie discute que la lengua es dinámica y que en la actualidad no se habla como en los tiempos de Cervantes; pero ¿a quién no le resulta difícil escribir guion sin acento, por poner un ejemplo? A mí desde luego. Con respecto a las nuevas normas recogidas por la Real Academia, en su web dice lo siguiente:

«Para poder aplicar con propiedad las reglas de acentuación gráfica del español es necesario determinar previamente la división de las palabras en sílabas. Y para dividir silábicamente las palabras que contienen secuencias de vocales es preciso saber si dichas vocales se articulan dentro de la misma sílaba, como diptongos o triptongos (vais, o.pioi.de), o en sílabas distintas, como hiatos (lí.ne.a, ta.o.ís.ta).»

Y aquí viene el problema: no todos los hispanohablantes pronunciamos las palabras de igual modo. Sin embargo, una cosa es la lengua hablada y otra la lengua escrita. Fue así como la RAE estableció en 1999 qué palabras debían considerarse diptongos o triptongos y cuáles hiatos. Recordemos la definición de estos términos:

Diptongo: Conjunto de dos vocales diferentes que se pronuncian en una sola sílaba.

Hiato: Encuentro de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas.

Gracias a la introducción de estos cambios, palabras que solían llevar tilde por ser bisílabas dejaron de hacerlo, como guion, truhan, cria, liais, pio, etc. Los hombres somos animales de costumbres y no nos resulta fácil habituarnos a las nuevas normas, pero no podemos olvidar que el lenguaje lo establecemos nosotros y que somos los seres humanos quienes decimos vídeo o video, coste o costo según el país (las dos primeras formas se utilizan mayoritariamente en España y las segundas, en Latinoamérica). La RAE se limita a recoger las palabras y a normalizarlas para que los hispanohablantes sepamos qué es correcto y qué no. No nos queda otra, pues, que reciclarnos.

 

Fotografía de portada: María Eugenia Santa Coloma